En el panteón de los dinosaurios icónicos, el Ankylosaurus magniventris ocupa una posición paradójica: es uno de los animales mesozoicos más reconocibles por el público general, pero sigue siendo uno de los menos comprendidos anatómicamente por la ciencia hasta la última década. Frecuentemente descrito como un "tanque viviente", esta criatura representa el culmen evolutivo de los Thyreophora ("portadores de escudos"), un linaje que dedicó millones de años a perfeccionar la defensa pasiva y activa. Sin embargo, reducir su biología a su armadura es un error reduccionista. Las investigaciones más recientes, centradas en la paleoneurología y la biomecánica de impacto, revelan a un animal con adaptaciones fisiológicas complejas para la termorregulación y el combate intraespecífico, que habitó uno de los ecosistemas más peligrosos de la historia de la Tierra.
Esta monografía tiene como objetivo deconstruir el mito popular y reconstruir el organismo biológico. A diferencia de las representaciones en medios masivos, que a menudo son quimeras basadas en su primo canadiense Euoplocephalus, el verdadero Ankylosaurus poseía características craneales únicas, una disposición de osteodermos específica y una masa corporal que desafiaba los límites biomecánicos de un cuadrúpedo bajo. Basándonos en la redescripción taxonómica de Arbour y Mallon (2017) y los estudios de senos paranasales de Witmer, exploraremos cómo este titán del Cretácico final logró coexistir —y sobrevivir— frente al depredador terrestre más poderoso de todos los tiempos, el Tyrannosaurus rex.
Introducción: El Último y Más Grande de los Acorazados
El Ankylosaurus magniventris no es solo otro anquilosáurido; es el género tipo de su familia y el miembro más grande conocido de todo el infraorden Ankylosauria. Su nombre genérico, derivado del griego ankylos ("curvado" o "rígido") y sauros ("lagarto"), hace referencia a la rigidez extrema de su columna vertebral y caja torácica, fusionadas para soportar el peso de su blindaje dérmico. El epíteto específico, magniventris ("gran vientre" en latín), es igualmente descriptivo y funcional: alude a la inmensa anchura de su caja torácica y pelvis, una adaptación necesaria para albergar una cámara de fermentación masiva. Esta arquitectura corporal le confería un centro de gravedad extremadamente bajo, haciéndolo casi imposible de voltear para cualquier atacante físico.
Filogenéticamente, el Ankylosaurus representa el producto final de una carrera armamentista evolutiva que duró todo el Jurásico y Cretácico. Mientras que sus ancestros nodosáuridos dependían de espinas laterales para disuadir ataques y camuflaje, los anquilosáuridos derivados optaron por la fuerza bruta: armadura consolidada y armamento caudal activo. Apareciendo en el registro fósil apenas 2 o 3 millones de años antes de la extinción masiva del límite K-Pg, el Ankylosaurus fue testigo y víctima del cataclismo de Chicxulub. Su diseño no fue un callejón sin salida, sino la máxima optimización posible de la estrategia defensiva en vertebrados terrestres.
Es crucial establecer desde el principio que la imagen mental que tenemos del animal ha sido corregida drásticamente. Reconstrucciones del siglo XX lo mostraban con espinas pélvicas y una maza caudal redondeada y lisa. La evidencia actual indica que carecía de las grandes espinas de hombro (espina parascapular) típicas de los nodosáuridos, que su maza caudal era un bloque de osteodermos rugosos y angulares, y que su cráneo estaba tan densamente osificado que incluso los párpados tenían hueso. No era un animal diseñado para la huida; era una fortaleza estática diseñada para resistir el asedio.
La rareza del fósil: Por qué es menos conocido de lo que creemos
Existe una discrepancia notable entre la fama del Ankylosaurus y la cantidad de fósiles disponibles. Aunque fue descrito por el legendario Barnum Brown en 1908 basándose en hallazgos en la Formación Hell Creek de Montana, el material fósil es frustrantemente escaso en comparación con sus contemporáneos como Triceratops o Tyrannosaurus. Hasta la fecha, no existe ningún esqueleto completo al 100% de un solo individuo. La mayor parte de lo que "sabemos" sobre su anatomía postcraneal (especialmente las patas y la cola) se ha inferido tradicionalmente mediante la interpolación de datos de anquilosáuridos más abundantes y completos, como el Euoplocephalus tutus o el Pinacosaurus.
Esta escasez ha llevado a décadas de confusión taxonómica y "quimeras de museo". Muchos montajes esqueléticos en museos de todo el mundo son compuestos que mezclan cráneos de Ankylosaurus con cuerpos de otros géneros. Solo en 2017, los paleontólogos Victoria Arbour y Jordan Mallon realizaron una revisión exhaustiva para segregar el material genuino de Ankylosaurus del resto. Esto significa que muchas descripciones en libros antiguos son incorrectas. Por ejemplo, la disposición exacta de los osteodermos en su espalda sigue siendo parcialmente hipotética, reconstruida a partir de bloques desarticulados encontrados in situ. Estudiar al Ankylosaurus es, en esencia, un ejercicio de paleontología forense avanzada, donde cada fragmento cuenta.
Contexto temporal: Los últimos 2 millones de años del Cretácico (Maastrichtiense)
El Ankylosaurus vivió exclusivamente durante la etapa del Maastrichtiense tardío, aproximadamente entre hace 68 y 66 millones de años. Su rango geográfico se limitaba a Laramidia, el continente isla que formaba el oeste de la actual América del Norte, extendiéndose desde lo que hoy es Montana y Wyoming (EE. UU.) hasta Alberta y Saskatchewan (Canadá). Este contexto temporal es vital: el Ankylosaurus no convivió con Stegosaurus (separados por 80 millones de años) ni con la mayoría de los dinosaurios famosos de Parque Jurásico. Fue parte de la "biota de Hell Creek", el último gran ecosistema de dinosaurios antes del impacto del asteroide.
El ambiente de Hell Creek no era un desierto árido ni un pantano estancado, sino una llanura de inundación subtropical, rica, húmeda y boscosa, atravesada por ríos sinuosos que desembocaban en el Mar Interior Occidental en retirada. El clima era templado y sin heladas, lo que permitía una vegetación exuberante de coníferas, plantas con flores (angiospermas) tempranas, y helechos. Este entorno denso presenta interrogantes sobre la locomoción de un animal tan ancho y pesado: ¿Cómo maniobraba un "tanque" de 6 a 8 metros de largo y 2 metros de ancho a través de bosques cerrados? La respuesta sugiere que el Ankylosaurus podría haber actuado como un "ingeniero del ecosistema", abriendo claros a su paso y modificando el paisaje, similar a los elefantes forestales modernos.
Anatomía Craneal: Una Fortaleza Sensorial
El cráneo del Ankylosaurus magniventris es una obra maestra de la ingeniería defensiva, diseñada no solo para resistir mordeduras catastróficas, sino para gestionar las demandas fisiológicas de un cuerpo masivo. A diferencia de los cráneos cinéticos y ligeros de los terópodos o los ornitópodos, el cráneo de este anquilosáurido es un bloque sólido, bajo y extremadamente ancho (más ancho que largo), con una forma vagamente triangular o hexagonal en vista dorsal. Esta morfología no es accidental; la anchura extrema en la región posterior, donde se ubican los "cuernos" escamosales, proporcionaba protección vital para el cuello y ampliaba el área de inserción para una musculatura mandibular sorprendentemente compleja, permitiendo movimientos de masticación limitados pero efectivos.
La característica más definitoria de su arquitectura craneal es la obliteración casi total de las aberturas clásicas de los dinosaurios. Las fenestras antorbitales y temporales superiores (huecos en el cráneo que normalmente aligeran el peso y alojan músculos) están completamente cerradas o cubiertas por una capa secundaria de hueso dérmico remodelado. Este proceso, conocido como metaplasia ósea, implica la transformación directa de la piel y el tejido conectivo en armadura dura, fusionándose inseparablemente con los huesos del cráneo subyacentes. El resultado es una "caja fuerte" biológica que protegía el cerebro y los órganos sensoriales de traumatismos mecánicos directos, una adaptación indispensable cuando tu principal depredador es un tiranosáurido capaz de ejercer 35.000 Newtons de fuerza de mordida.
Sin embargo, esta protección externa ocultaba una sofisticación interna inesperada. Lejos de ser un animal "estúpido" o de sentidos embotados, la estructura interna del cráneo revela grandes lóbulos olfatorios, indicando un sentido del olfato agudísimo, posiblemente utilizado para detectar plantas específicas, fuentes de agua o depredadores a kilómetros de distancia. La combinación de una defensa impenetrable y un sistema sensorial de alta ganancia convertía al Ankylosaurus en una fortaleza consciente, capaz de anticipar amenazas mucho antes de tener que enfrentarlas físicamente.
El cráneo fusionado: Fusión de osteodermos y cierre de fenestras
La superficie del cráneo del Ankylosaurus es rugosa y está pavimentada con placas poligonales de hueso llamadas caputegulae (del latín "tejas de la cabeza"). A diferencia de otros anquilosáuridos como Euoplocephalus o Nodosaurus, donde estas tejas tienen patrones muy específicos y simétricos, en A. magniventris la disposición es más caótica y rugosa, aunque se mantiene un patrón distintivo en la región nasal (una gran placa hexagonal) y sobre las órbitas. Esta textura servía como base para una capa de queratina dura (similar a la de un cuerno de rinoceronte o pico de ave), que habría aumentado el grosor efectivo del blindaje sin añadir peso óseo excesivo.
Las defensas activas del cráneo consisten en cuatro proyecciones piramidales masivas: dos cuernos escamosales en las esquinas superiores traseras y dos cuernos yugales (o cuadratoyugales) en las mejillas inferiores. En el Ankylosaurus, los cuernos escamosales son notablemente grandes, puntiagudos y dirigidos posterolateralmente (hacia atrás y a los lados), diferenciándose de las formas más romas de sus parientes asiáticos como Pinacosaurus. Estas estructuras impedían que un depredador pudiera morder el cuello desde arriba o los lados sin empalarse la boca. Además, poseía osteodermos especializados en los párpados, conocidos como huesos palpebrales, que actuaban como persianas blindadas, protegiendo los ojos en caso de ataque inminente.
El Laberinto Nasal: Termorregulación y resonancia (Estudio de Witmer)
Uno de los descubrimientos más fascinantes sobre la paleobiología de los anquilosáuridos proviene de los estudios de tomografía computarizada (CT Scan) realizados por el Dr. Lawrence Witmer en la década de 2000 y refinados posteriormente. Al mirar dentro del cráneo, los científicos no encontraron vías respiratorias rectas como en la mayoría de los reptiles, sino un "laberinto" increíblemente complejo de pasajes nasales enrevesados, descritos coloquialmente como "pajitas locas" (crazy straws). Estos conductos de aire se curvaban y replegaban sobre sí mismos antes de llegar a los pulmones, ocupando un volumen considerable del hocico.
Hipótesis de Termorregulación Cerebral: La función primaria de este laberinto no era olfativa (los bulbos olfatorios están separados), sino termodinámica. Al inhalar, el aire fresco recorría este circuito largo, absorbiendo el calor de la sangre caliente que fluía desde el núcleo del cuerpo hacia el cerebro, enfriándola antes de que llegara al tejido neural sensible. Al exhalar, el proceso se invertía para recuperar humedad.
Esta adaptación es crucial para un animal de gran masa corporal y, probablemente, de metabolismo elevado o inercial, que vivía en un ambiente subtropical cálido. Sin este sistema de "aire acondicionado" biológico, el cerebro del Ankylosaurus se habría sobrecalentado fatalmente bajo estrés o altas temperaturas ambientales. Secundariamente, estas cámaras de resonancia podrían haber actuado como amplificadores vocales, permitiendo al animal emitir sonidos de baja frecuencia (infrasonidos) para comunicarse con otros de su especie a largas distancias, similar a lo que hacen los elefantes actuales.
Dentición y dieta: El pico premaxilar y la batería dental de "hoja"
La maquinaria de alimentación del Ankylosaurus presenta una paradoja aparente: un cuerpo de 6 a 8 toneladas sostenido por una boca con dientes minúsculos. En la parte delantera del hocico, poseía un pico córneo ancho y desdentado (premaxilar), ideal para el "cropping" o desbroce indiscriminado de vegetación baja. A diferencia de los ceratópsidos (como Triceratops) que tenían picos estrechos para seleccionar material específico, el pico ancho del Ankylosaurus sugiere que funcionaba como una segadora biológica, ingiriendo grandes volúmenes de helechos, cícadas y arbustos angiospermas sin mucha selección previa.
Detrás del pico, en las mandíbulas profundas, se alineaban hileras de dientes pequeños en forma de hoja denticulada (filodontos). Estos dientes eran relativamente frágiles y carecían de las superficies de oclusión complejas necesarias para masticar o triturar fibra dura eficientemente (a diferencia de las baterías dentales de los hadrosaurios). El desgaste dental observado sugiere un movimiento mandibular simple de ortal (arriba-abajo) con un ligero componente palinal (atrás-adelante). Esto indica que el Ankylosaurus apenas procesaba la comida en la boca; cortaba y tragaba.
Esta morfología dental confirma que el verdadero procesamiento de alimentos ocurría en el sistema digestivo. El Ankylosaurus dependía obligatoriamente de la fermentación hindgut (en el intestino posterior/ciego). Su inmensa cavidad abdominal albergaba una "tina de fermentación" bacteriana gigante donde la celulosa resistente se descomponía lentamente. Esta estrategia digestiva explica su forma de barril y su capacidad para subsistir con vegetación de baja calidad nutricional pero alta disponibilidad, permitiéndole coexistir con otros herbívoros más selectivos en el ecosistema de Hell Creek.
La Armadura (Osteodermos): Arquitectura Defensiva
La característica que define a los Thyreophora es su armadura, pero en el Ankylosaurus magniventris, este blindaje alcanza un nivel de sofisticación estructural sin parangón en el reino animal. Su armadura no es un caparazón sólido y rígido como el de una tortuga (que es costillar), sino una extensa red de huesos dérmicos individuales llamados osteodermos que crecían dentro de la piel. Estos elementos flotaban en la dermis, conectados por colágeno y músculos fuertes, lo que permitía una flexibilidad relativa. El animal podía arquear la espalda y moverse con cierta agilidad sin que su protección se fracturara por rigidez excesiva. Es, en términos de ingeniería militar, el equivalente biológico a una armadura reactiva moderna o a una cota de malla de placas compuesta.
La evolución de esta armadura responde a una presión selectiva brutal: la coexistencia con los tiranosáuridos. Los osteodermos del Ankylosaurus varían dramáticamente en tamaño y forma, desde pequeños huesecillos del tamaño de una moneda (osículos) que rellenaban los espacios entre las placas grandes, hasta quillas masivas en el dorso y placas triangulares en los flancos. Esta distribución asegura que no hubiera "puntos ciegos" o zonas blandas expuestas, excepto quizás el vientre, que el animal protegía agachándose contra el suelo ("hunkering down") en una maniobra defensiva estática. La densidad y el grosor de estos huesos representaban un coste metabólico inmenso para su crecimiento y mantenimiento, lo que subraya que la depredación era la fuerza dominante en su vida.
Es fundamental comprender que la armadura no era solo hueso desnudo. En vida, cada osteodermo estaba enfundado en una capa de queratina vascularizada que podía aumentar la longitud de las púas o quillas en un 20-30% adicional. Esta cubierta córnea proporcionaba una superficie dura y afilada, capaz de desviar dientes serrados y absorber impactos sin transmitir toda la energía de choque al hueso subyacente, evitando fracturas internas. El Ankylosaurus no era simplemente duro; era un sistema compuesto de absorción de daños.
Diferencias con Nodosáuridos: Ausencia de espinas laterales gigantes
Uno de los errores más persistentes en la paleoarte popular (y en figuras de acción antiguas) es representar al Ankylosaurus con enormes espinas laterales que salen de sus hombros, similares a las del Edmontonia o el Borealopelta. La realidad taxonómica, clarificada por las revisiones de Carpenter (2004) y Arbour (2017), es que el Ankylosaurus carecía de estas espinas parascapulares hipertrofiadas. Los nodosáuridos (la familia hermana sin maza en la cola) desarrollaron esas espinas gigantes principalmente para exhibición y disuasión frontal, ya que no tenían un arma activa en la retaguardia.
El Ankylosaurus, al poseer un mazo caudal letal, invirtió evolutivamente en un perfil más bajo y aerodinámico. Sus osteodermos son predominantemente "quillados" (con una cresta baja central) en lugar de espinosos. Esta configuración de perfil bajo ofrece una ventaja hidrodinámica y biomecánica: dificultaba que un depredador grande como el T. rex pudiera morder y "hacer palanca" sobre una espina larga para voltear al animal. La superficie dorsal era resbaladiza para las mandíbulas atacantes, diseñada para desviar la mordida, no para engancharla.
Distribución cervical y dorsal: Medias anillas y quillas
La protección del cuello, una zona vital y vulnerable, se lograba mediante estructuras especializadas conocidas como medias anillas cervicales (cervical half-rings). El Ankylosaurus poseía dos de estas bandas masivas que rodeaban la parte superior del cuello como un collarín rígido. A diferencia de formas primitivas donde los osteodermos flotaban libres, en Ankylosaurus las placas primarias y secundarias estaban fusionadas a una banda ósea subyacente, creando un yugo sólido pero articulado que permitía el movimiento de la cabeza mientras ofrecía una barrera continua contra mordeduras verticales.
En el resto del dorso, la disposición exacta de los osteodermos sigue siendo materia de reconstrucción debido a la falta de un espécimen articulado completo, pero la evidencia del espécimen AMNH 5895 sugiere filas transversales y longitudinales ordenadas. Las placas de la línea media eran más grandes y planas, mientras que hacia los flancos se transformaban en quillas más altas y cortantes. A diferencia del Euoplocephalus, que tenía escudos pélvicos fusionados formando una placa sacra continua, los osteodermos del Ankylosaurus en la región de la cadera parecen haberse mantenido más individuales, preservando la flexibilidad necesaria para balancear la cola con fuerza extrema sin restringir el movimiento de la columna lumbar.
Microestructura ósea: Resistencia balística y peso
La verdadera genialidad de la armadura del Ankylosaurus reside en su histología microscópica. Estudios de sección delgada realizados por Scheyer y Sander (2004) en anquilosáuridos revelan que los osteodermos no son bloques de hueso compacto uniforme. Poseen una estructura interna compleja con una corteza externa densa y un núcleo esponjoso (trabecular), similar a la estructura de los huesos del cráneo humano o los cascos de combate modernos. Esta arquitectura "sándwich" optimiza la relación resistencia-peso: maximiza la dureza exterior mientras reduce la masa total para que el animal pueda moverse.
Más impresionante aún es la disposición de las fibras de colágeno mineralizado, conocidas como Fibras de Sharpey. En muchos osteodermos, estas fibras están organizadas en patrones entrecruzados tridimensionales (estructura plywood o contrachapada). Esta disposición es análoga a la del Kevlar o la fibra de carbono: evita la propagación de grietas. Si un diente de tiranosaurio perforaba la capa externa, las fibras cruzadas disipaban la energía del impacto lateralmente, impidiendo que el hueso se partiera en dos (fallo catastrófico). Es una adaptación específica para resistir impactos de alta energía, confirmando que su armadura era funcional contra la megafauna de su tiempo, y no meramente ornamental.
El Mazo Caudal (Tail Club): El Arma Activa
Si la armadura dorsal definía la defensa pasiva del Ankylosaurus, su cola representaba la agresión activa. Esta estructura no era un simple adorno ni un contrapeso pasivo; era un arma biológica de alta precisión evolutiva, única entre los vertebrados terrestres (solo convergente con los gliptodontes mamíferos y algunas tortugas meiolánidas). La evolución de este mazo caudal (tail club) marca la divergencia fundamental entre los Ankylosauridae y sus primos los Nodosauridae. Mientras que los nodosáuridos carecían de maza y confiaban en las espinas de los hombros, el linaje del Ankylosaurus sacrificó las espinas laterales para desarrollar una estructura distal masiva capaz de infligir daño traumático severo. Esta arma transformó la dinámica depredador-presa: el Ankylosaurus no necesitaba huir; solo necesitaba posicionarse para tener un ángulo de tiro limpio.
La letalidad del mazo no residía solo en su peso, sino en la rigidez de su soporte. Imaginar una bola de demolición atada a una cuerda floja es inútil; se necesita una grúa rígida para controlar el golpe. De manera análoga, el Ankylosaurus modificó drásticamente la anatomía de su cola posterior. Las vértebras caudales distales perdieron su flexibilidad individual y se entrelazaron mecánicamente, formando una barra rígida que actuaba como el mango de un hacha o un bate de béisbol. Esto permitía que la fuerza generada por los músculos masivos de la base de la cola (en la pelvis) se transmitiera sin disipación hasta la punta, maximizando la velocidad angular y, por ende, la energía cinética del impacto.
ANKYLOSAURUS MAGNIVENTRIS
Formación Hell Creek (66 Ma)Único depredador capaz de perforar su armadura. Coexistencia confirmada por marcas de dientes en fósiles.
Sin embargo, esta especialización tenía un coste: la pérdida de versatilidad. El Ankylosaurus no podía enroscar su cola ni usarla para espantar moscas. El movimiento estaba restringido casi exclusivamente al plano lateral (izquierda-derecha). La biomecánica sugiere que el animal pivotaba sobre sus patas traseras, utilizando su cuerpo ancho como un eje de rotación para lanzar la cola en un arco devastador. Esta limitación direccional implica que el animal debía mantener al depredador en su zona lateral posterior para que el arma fuera efectiva, lo que explica la necesidad de una visión periférica amplia y una capacidad de giro (pivote) rápida.
Anatomía de la "Manija" (Handle) y el "Pomo" (Knob)
El arma se divide anatómicamente en dos componentes funcionales: el mango (*handle*) y el pomo (*knob*). El mango está formado por una serie de vértebras caudales posteriores cuyas prezigapófisis (procesos articulares) se alargaron extraordinariamente, superponiéndose unas a otras en forma de "V" masiva. Esta imbricación eliminaba casi toda la rotación vertical y lateral entre vértebras individuales, fusionando funcionalmente la cola en una viga sólida. En el Ankylosaurus magniventris, este mango era proporcionalmente más ancho y robusto que en géneros más antiguos, necesario para soportar las fuerzas de torsión extremas de un pomo más grande.
El pomo, o la "bola" del mazo, no es una expansión de las vértebras mismas, sino un conjunto de osteodermos gigantes que envolvieron y se fusionaron con las últimas vértebras de la cola. En A. magniventris, estos osteodermos alcanzan su tamaño máximo, integrándose en una masa compacta que podía superar los 50-60 cm de ancho. A diferencia de las mazas redondeadas y "perfectas" que se ven en el arte, los fósiles muestran una estructura más irregular, a menudo con quillas laterales, lo que concentraba la fuerza del impacto en puntos de presión específicos (como el filo de un martillo de guerra) en lugar de distribuirla en una superficie roma, aumentando la probabilidad de fracturar el hueso del enemigo.
Tendones osificados: La transmisión de fuerza cinética
Para mover esta masa inerte a velocidades peligrosas, el Ankylosaurus dependía de un sistema de transmisión de fuerza basado en tendones osificados. A lo largo de los lados del mango vertebral, corría una red de tendones entrelazados que se habían convertido literalmente en hueso. Esta osificación no es patológica (como la artritis), sino una adaptación evolutiva normal. Estos tendones actuaban como cables de acero rígidos, conectando los poderosos músculos M. caudofemoralis longus (ubicados en la base de la cola y el fémur) directamente con el mango rígido.
La física de este sistema es similar a la de un fundíbulo o trabuquete. Los músculos proximales (cerca del cuerpo) se contraen, y los tendones osificados transmiten esa tensión instantáneamente al extremo distal. Si los tendones hubieran sido elásticos (como los de un humano), parte de la energía se habría perdido en el estiramiento del tendón antes de mover la maza. Al ser rígidos, la transmisión es 1:1. Esto permitía acelerar la pesada maza desde cero hasta su velocidad máxima en una fracción de segundo, sorprendiendo a cualquier atacante que se acercara demasiado.
Física del Impacto: Cálculos de fuerza en Newtons y daño potencial
Los estudios biomecánicos liderados por la paleontóloga Victoria Arbour han puesto números reales a la leyenda. Utilizando modelos digitales para estimar la masa muscular y la inercia rotacional, se ha calculado que un anquilosáurido grande podía acelerar la punta de su cola a velocidades de hasta 19 metros por segundo (aprox. 70 km/h). Puede parecer poco comparado con un coche, pero cuando se combina con la masa del pomo (que podía pesar más de 50 kg en un adulto grande), la fuerza generada es catastrófica.
El Índice de Fractura: Los cálculos indican que el impacto podía generar una fuerza superior a los 10,000 - 15,000 Newtons en la zona de impacto, y mucho mayor en el "punto dulce" (centro de percusión). El umbral para fracturar la tibia de un terópodo gigante (como el hueso de la espinilla de un T. rex) se estima en unos 6,000-8,000 Newtons si el golpe es lateral.
Por lo tanto, la conclusión científica es inequívoca: el Ankylosaurus tenía la capacidad física de romperle las piernas a un Tyrannosaurus rex adulto. Un golpe exitoso no solo causaría un hematoma masivo, sino una fractura ósea compuesta inmediata. Para un depredador bípedo de 7 toneladas, una pierna rota es una sentencia de muerte por inanición o infección. Esto explica la cautela extrema que los depredadores debían tener; el mazo caudal no era un arma disuasoria, era un arma incapacitante letal.
Esqueleto Postcraneal y Locomoción
La anatomía postcraneal del Ankylosaurus magniventris define los límites de la ingeniería biológica terrestre en términos de anchura y estabilidad. Mientras que la mayoría de los dinosaurios (como saurópodos o terópodos) construyeron sus cuerpos en un plano vertical alto y estrecho para optimizar la locomoción, el Ankylosaurus siguió una estrategia evolutiva diametralmente opuesta: se expandió horizontalmente. Es, proporcionalmente, uno de los animales más anchos que jamás haya caminado sobre la Tierra. Esta configuración de "mesa de café" biológica no fue un accidente de la obesidad, sino una adaptación estructural obligada por la necesidad de portar una armadura dorsal masiva sin comprometer el centro de gravedad.
La columna vertebral del animal estaba modificada para actuar como una viga de suspensión rígida. Las vértebras dorsales a menudo muestran grados de fusión o articulación extremadamente apretada (co-osificación), necesaria para soportar las toneladas de osteodermos que descansaban sobre la piel. Si la columna hubiera sido flexible como la de un gato, el peso de la armadura habría colapsado la espalda del animal al caminar. Esta rigidez axial implica que el Ankylosaurus no podía doblar su torso lateralmente; para girar, tenía que mover todo el cuerpo como una unidad sólida, similar a un vehículo de orugas.
Las estimaciones de masa han fluctuado históricamente, pero los modelos volumétricos más recientes (basados en escaneos láser de esqueletos montados corregidos como el del Museo de las Rocosas) sitúan a un adulto maduro en el rango de 6 a 8 toneladas métricas. Esta masa se distribuía sobre cuatro extremidades columnares robustas, convirtiéndolo en un animal graviportal (adaptado para soportar peso extremo a baja velocidad), similar en función a un elefante o un rinoceronte, pero con una arquitectura pélvica alienígena para los estándares mamíferos.
La caja torácica ancha y la pelvis expandida ("Magniventris")
El epíteto magniventris se justifica plenamente al examinar las costillas y la pelvis. A diferencia de las costillas de un Triceratops que se curvan hacia abajo, las costillas dorsales del Ankylosaurus se proyectan horizontalmente desde la columna antes de curvarse ventralmente. Esto crea una cavidad torácica extremadamente ancha y plana en la parte superior. La pelvis es aún más extrema: los iliones (huesos de la cadera) están rotados hacia afuera hasta quedar casi horizontales. Esta expansión lateral masiva servía para dos propósitos críticos: anclaje muscular y espacio visceral.
Primero, la anchura proporcionaba un brazo de palanca enorme para los músculos de las patas, permitiendo generar mucha fuerza aunque la zancada fuera corta. Segundo, y más importante, creaba un espacio interno colosal para el tracto digestivo. Como fermentador de intestino posterior, el Ankylosaurus necesitaba alojar un ciego bacteriano de dimensiones industriales. Pero hay una tercera función defensiva: la anchura extrema hacía que el animal fuera biomecánicamente imposible de voltear. Para que un Tyrannosaurus pudiera volcar a un Ankylosaurus de 2 metros de ancho y bajo centro de masa, tendría que aplicar una fuerza lateral inmensa sin resbalar en la armadura, una tarea físicamente inviable en un combate real.
Postura de las extremidades: ¿Erguida o semi-extendida?
Durante décadas existió un debate sobre si los anquilosáuridos caminaban con las patas directamente debajo del cuerpo (parasagitales) como los mamíferos, o si las tenían extendidas hacia los lados (sprawling) como los lagartos, debido a la inmensa anchura de su cuerpo. La anatomía de las articulaciones glenoides (hombro) y acetabulares (cadera) resuelve esto: el Ankylosaurus mantenía una postura cuadrúpeda erguida, con las patas situadas debajo de los hombros, no a los lados. Sin embargo, debido a la anchura del pecho, la distancia entre las patas derecha e izquierda (el "ancho de vía") era enorme.
Las extremidades anteriores eran significativamente más cortas que las posteriores, lo que colocaba la cabeza y el cuello muy cerca del suelo (probablemente a menos de 1.5 metros de altura), confirmando su nicho como ramoneador de vegetación baja. El húmero y el fémur son huesos masivos, densos y con crestas de inserción muscular prominentes, diseñados para la compresión pura. A diferencia de los ceratópsidos que podían galopar, la estructura del tobillo y los pies (metpodios cortos y anchos con almohadillas de grasa amortiguadoras) del Ankylosaurus sugiere que carecía de una fase aérea en su locomoción; siempre tenía al menos una pata, y probablemente tres, en contacto con el suelo.
Estimaciones de velocidad y agilidad de giro
¿Podía correr un Ankylosaurus? Los análisis biomecánicos de la longitud de zancada y la resistencia ósea sugieren que su velocidad máxima era modesta. Probablemente podía alcanzar un "trote rápido" de unos 6 a 8 km/h (similar a la marcha rápida humana) en distancias cortas, pero era incapaz de correr en el sentido atlético. Su peso y la inercia de su armadura hacían que la aceleración y la frenada fueran energéticamente costosas. No huía de los depredadores; no podía.
Sin embargo, la velocidad lineal no era su prioridad; la agilidad rotacional sí lo era. Su diseño compacto, con las patas concentradas bajo el centro de masa y una cola muscular masiva actuando como contrapeso, le permitía pivotar sobre su eje con sorprendente rapidez. En un enfrentamiento defensivo, el Ankylosaurus debía mantener siempre su cola orientada hacia el depredador y su cabeza alejada. Esta maniobra de "siempre dar la espalda" requería giros rápidos y precisos. Su musculatura ancha proporcionaba el torque necesario para girar su cuerpo blindado en un radio cero, manteniendo su maza letal en la trayectoria de las piernas del atacante en todo momento.
Fisiología y Metabolismo: La Máquina de Fermentación
Para comprender cómo un animal con una boca pequeña y dientes débiles podía sostener una masa corporal de 8 toneladas, debemos dejar de mirar sus mandíbulas y observar su abdomen. El Ankylosaurus magniventris no era un procesador mecánico de alimentos (como los hadrosaurios que trituraban), sino un reactor químico biológico. Su fisiología estaba dictada por la necesidad de extraer nutrientes de materia vegetal fibrosa y de baja calidad (helechos, cícadas y angiospermas leñosas) que abundaban en el sotobosque del Cretácico. La solución evolutiva a este problema energético fue la maximización del volumen interno: convertir su cuerpo en un tanque de fermentación móvil.
El metabolismo de este gigante presenta un desafío termodinámico fascinante. En biología, existe una ley general: cuanto más grande es un animal, más lento es su metabolismo específico (por gramo de tejido), pero mayor es su calor total generado. El Ankylosaurus vivía en la intersección peligrosa de tres fuentes de calor: la temperatura ambiente subtropical de Hell Creek, el calor generado por la actividad muscular de mover su armadura, y el calor exotérmico producido por billones de bacterias fermentando en sus entrañas. Por lo tanto, su fisiología no estaba orientada a "calentarse" (como un lagarto al sol), sino a gestionar el exceso de energía térmica para evitar la muerte por hipertermia.
Estudios isotópicos recientes en fósiles de anquilosáuridos sugieren que mantenían una temperatura corporal muy estable, independientemente de las fluctuaciones ambientales. Esto no significa necesariamente que fueran endotermos de "sangre caliente" al estilo aviar (con tasas metabólicas altísimas), sino que utilizaban su inmensa masa como un volante de inercia térmica. Sin embargo, la presencia de sistemas de Havers remodelados en sus huesos indica un crecimiento sostenido y activo, situándolos metabólicamente por encima de los reptiles modernos, en una categoría de "mesotermia" eficiente optimizada para la defensa y la digestión masiva.
El "Gran Vientre": Evidencia de fermentación en el intestino posterior
La anatomía pélvica expandida del Ankylosaurus es la evidencia directa de su estrategia digestiva: la fermentación en el intestino posterior (hindgut fermentation). A diferencia de los rumiantes modernos (vacas) que fermentan en el estómago delantero, los fermentadores posteriores (como elefantes y rinocerontes) procesan el alimento en el ciego y el colon. Este sistema es menos eficiente extrayendo nutrientes por kilogramo de comida, pero tiene una ventaja crítica: la velocidad. Permite al animal ingerir cantidades masivas de comida rápidamente sin esperar a que se "mastique" dos veces. El Ankylosaurus funcionaba por volumen, no por eficiencia de extracción.
La inmensa caja torácica y la cavidad abdominal (que daba nombre a la especie *magniventris*) alojaban un tracto digestivo de longitud extraordinaria. Se estima que el intestino podía medir decenas de metros, proporcionando tiempo y superficie para que la microbiota simbiótica degradara la celulosa y la lignina. Este proceso generaba ácidos grasos volátiles que el animal absorbía como su principal fuente de energía. Es probable que el Ankylosaurus pasara la mayor parte de sus horas de vigilia comiendo pasivamente, actuando como una aspiradora biológica de baja velocidad que transformaba la maleza del bosque en masa muscular y hueso blindado.
Una consecuencia inevitable de este sistema digestivo a escala industrial es la producción de gas (metano). Aunque a menudo es motivo de humor, biológicamente esto implica que el Ankylosaurus debía tener mecanismos eficientes de peristalsis y expulsión de gases para evitar el timpanismo (hinchazón letal), común en grandes herbívoros. La presión interna de este sistema digestivo también explica la necesidad de la rigidez de la columna vertebral y la gastralia; actuaban como un corsé biológico para contener la presión visceral de toneladas de materia vegetal en descomposición.
Homeotermia inercial: El reto de no cocinarse por dentro
El concepto de Gigantotermia (u homeotermia inercial) es clave para entender al Ankylosaurus. Debido a su enorme volumen en relación con su superficie (incluso con las placas aumentando el área), el animal perdía calor muy lentamente. Una vez que alcanzaba una temperatura operativa óptima, le costaba mucho enfriarse. En un día caluroso del Cretácico, rodeado de depredadores y digiriendo comida, el riesgo de golpe de calor era una amenaza más inmediata que el hambre.
Aquí es donde la armadura vascularizada y los senos nasales complejos (descritos en la sección 2) se integran en la fisiología general. Los osteodermos, al estar irrigados por vasos sanguíneos, podían actuar teóricamente como radiadores pasivos (similar a las placas del Stegosaurus, pero menos eficientes por estar pegadas al cuerpo) o, más probablemente, como un escudo térmico contra la radiación solar directa. Sin embargo, el mecanismo principal de refrigeración era el "intercambiador de calor" nasal. El Ankylosaurus jadeaba o respiraba fuertemente no solo para oxigenarse, sino para enfriar la sangre que iba al cerebro mediante evaporación en las mucosas nasales húmedas.
Esta estabilidad térmica inercial le permitía permanecer activo durante la noche o en periodos más frescos donde los reptiles ectotermos pequeños se volverían letárgicos. Esta capacidad de operar "24/7" (aunque a un ritmo pausado) le daba una ventaja competitiva para alimentarse constantemente, cumpliendo con los requisitos calóricos de su inmensa masa sin necesitar el metabolismo derrochador de un mamífero equivalente.
Paleoecología: El Infierno de Hell Creek
El nombre de la formación geológica donde se encuentra al Ankylosaurus, "Hell Creek" (Arroyo del Infierno), resulta poéticamente adecuado para describir el ecosistema más brutal y competitivo del Mesozoico terminal. Situado en la costa este de Laramidia (actuales Montana, Dakota y Wyoming) hace entre 68 y 66 millones de años, este entorno no era un desierto estático, sino una llanura aluvial dinámica y estacionalmente inestable, sujeta a inundaciones periódicas y dominada por ríos serpenteantes que drenaban hacia el Mar Interior Occidental. En este escenario, la megafauna alcanzó sus dimensiones máximas, un fenómeno ecológico donde tanto depredadores como presas empujaron los límites biológicos del gigantismo terrestre.
El Ankylosaurus magniventris era un componente raro pero vital de esta fauna. Los censos paleontológicos indican que, por cada fósil de Ankylosaurus encontrado, aparecen decenas de Triceratops y Edmontosaurus. Esta rareza relativa sugiere que el anquilosaurio era un animal solitario o de muy baja densidad poblacional, un rasgo típico de especies con requerimientos defensivos extremos y tasas reproductivas posiblemente más bajas. No formaban las inmensas manadas migratorias de los hadrosaurios; eran fortalezas móviles que patrullaban el paisaje forestal, actuando como "tanques" solitarios en un campo de batalla dominado por manadas de ceratópsidos y tiranosaurios.
La supervivencia en Hell Creek requería una adaptación total. El ambiente combinaba bosques densos de coníferas y angiospermas con pantanos abiertos. Para un animal ancho y bajo como el Ankylosaurus, moverse por este terreno implicaba una capacidad de "bulldozing" (empuje). Es muy probable que estos animales crearan y mantuvieran senderos a través de la vegetación densa, modificando activamente la arquitectura del bosque y facilitando el paso a especies más pequeñas, desempeñando un rol de ingeniero ecológico clave para la sucesión vegetal.
Clima y Flora: Bosques de coníferas y llanuras de inundación subtropicales
El clima del Maastrichtiense en Laramidia era subtropical templado, sin casquetes polares y con temperaturas que raramente (o nunca) bajaban del punto de congelación. La flora estaba en plena transición evolutiva: las antiguas gimnospermas (pinos, araucarias, secuoyas) seguían formando el dosel alto, pero el sotobosque —el nivel donde comía el Ankylosaurus— estaba siendo conquistado agresivamente por las plantas con flores (angiospermas), incluyendo palmeras, arbustos de bayas y los ancestros de los plátanos y magnolias.
Esta revolución floral tuvo implicaciones dietéticas directas. Las angiospermas suelen crecer más rápido y recuperarse mejor del ramoneo que las gimnospermas, pero a menudo contienen defensas químicas (alcaloides, taninos) más complejas. La robustez del sistema de fermentación del Ankylosaurus (discutido en la sección de fisiología) sugiere que estaba perfectamente adaptado para desintoxicar y procesar esta nueva biomasa rica en fibra y compuestos secundarios. Mientras que los hadrosaurios (picos de pato) podían elevarse para comer ramas altas, el Ankylosaurus estaba restringido a la "zona de alimentación de 0 a 2 metros", compitiendo por helechos, cícadas bajas y arbustos leñosos.
La relación Depredador-Presa: Coexistencia con Tyrannosaurus rex
La relación entre Ankylosaurus y Tyrannosaurus rex es el ejemplo definitivo de coevolución antagónica o "carrera armamentista". No es coincidencia que el depredador con la mordida más fuerte de la historia (capaz de pulverizar hueso sólido) evolucionara en el mismo tiempo y lugar que la presa más blindada de la historia. El T. rex era el único carnívoro en el ecosistema capaz de amenazar a un Ankylosaurus adulto; otros depredadores como el Dakotaraptor solo supondrían un riesgo para las crías o juveniles.
La Dinámica del Asedio: Un enfrentamiento entre estos dos titanes no era una pelea rápida. El T. rex tenía la altura y la fuerza para intentar volcar al anquilosaurio, pero el Ankylosaurus tenía el centro de gravedad bajo y la maza caudal. La estrategia del herbívoro sería "hunkering down" (pegarse al suelo), ocultando sus patas y vientre vulnerable, presentando solo su caparazón impenetrable y agitando la maza. El depredador debía calcular si el riesgo de una tibia rota valía la pena por la comida.
Existen evidencias fósiles indirectas de estos encuentros. Se han hallado osteodermos de anquilosáuridos con marcas de mordeduras sanadas que coinciden con la dentición de tiranosáuridos, lo que prueba que el blindaje funcionaba: el animal sobrevivió al ataque. Asimismo, la presión selectiva del T. rex explica por qué la armadura del Ankylosaurus es tan masiva y por qué desaparecieron las espinas laterales (que el Rex podría haber usado como puntos de agarre). Fue una guerra biológica donde la defensa pasiva alcanzó su límite físico.
Competencia de nicho: Triceratops y Edmontosaurus
El Ankylosaurus no vivía en el vacío; compartía su ensalada con el Triceratops prorsus (el herbívoro más común de Hell Creek) y el Edmontosaurus annectens. La Ley de Gause o principio de exclusión competitiva dicta que dos especies no pueden ocupar exactamente el mismo nicho ecológico indefinidamente. ¿Cómo evitaban la competencia directa? La respuesta está en la estratificación de la alimentación y la selectividad oral.
El Triceratops poseía un pico estrecho y ganchudo con una batería dental de cizallamiento vertical, ideal para seleccionar vegetación fibrosa específica y dura (posiblemente palmeras o cícadas) y cortarla con precisión. El Edmontosaurus tenía un mecanismo de molienda complejo para procesar cualquier cosa, desde agujas de pino hasta corteza, y podía ramonear a 4 metros de altura. En contraste, el Ankylosaurus tenía un pico ancho y rectangular, una herramienta de "baja selectividad". Funcionaba como una cortadora de césped indiscriminada, ingiriendo grandes volúmenes de vegetación baja mixta que los otros ignoraban o evitaban. Esta partición de nicho permitió que tres gigantes herbívoros coexistieran en la misma llanura de inundación sin matarse de hambre mutuamente.
Filogenia: El Árbol de los Ankylosauridae
La historia evolutiva del Ankylosaurus magniventris es el capítulo final de una saga que comenzó en el Jurásico Medio. Pertenece al clado Thyreophora ("portadores de escudos"), un grupo de dinosaurios ornitisquios que divergieron tempranamente de los ancestros bípedos para adoptar una postura cuadrúpeda y blindada. Dentro de este grupo, el Ankylosaurus se sitúa en la cima de la familia Ankylosauridae, subfamilia Ankylosaurinae. Comprender su posición filogenética es crucial para entender por qué era anatómicamente distinto de otros acorazados norteamericanos con los que a menudo se le confunde en la cultura popular.
Duelo de Acorazados: La Divergencia Evolutiva
Diferencias clave entre las dos familias de dinosaurios blindados
| Rasgo Anatómico | Ankylosauridae (ej. Ankylosaurus) | Nodosauridae (ej. Edmontonia) |
|---|---|---|
| Arma Caudal | Maza Rígida (Tail Club) Diseñada para fracturar hueso. |
Ausente Cola flexible tipo látigo, sin maza. |
| Defensa de Hombros | Placas bajas o quillas. Perfil aerodinámico. |
Espinas Parascapulares Gigantes Para disuasión frontal. |
| Forma del Cráneo | Ancho, triangular, acorazado total. Cuernos escamosales posteriores. |
Estrecho, alargado (forma de pera). Sin cuernos prominentes. |
| Estrategia | Defensa Activa + Tanqueo. "Hunkering Down". |
Defensa Pasiva + Camuflaje. Contra-sombreado (Countershading). |
La sistemática de los anquilosaurios ha sido históricamente caótica debido a la fragmentariedad de los fósiles (a menudo solo se encuentran cráneos o colas aisladas). Sin embargo, los análisis cladísticos modernos, impulsados por investigadores como Victoria Arbour, han clarificado el panorama. El Ankylosaurus no es un descendiente directo de los nodosáuridos locales que habitaban Norteamérica millones de años antes (como Sauropelta), sino un invasor tardío, el vástago de un linaje que perfeccionó su armamento en otro continente antes de cruzar al Nuevo Mundo para reclamar el trono de los herbívoros defensivos.
Ankylosaurinae vs. Nodosauridae: La divergencia del mazo
El orden Ankylosauria se divide en dos familias principales que siguieron estrategias de supervivencia divergentes hace unos 160 millones de años: los Nodosauridae y los Ankylosauridae. Esta distinción es la prueba de fuego para cualquier paleontólogo. Los Nodosauridae (como Edmontonia o Borealopelta) se caracterizan por hocicos estrechos, grandes espinas parascapulares (en los hombros) y, crucialmente, la ausencia total de mazo caudal. Su cola terminaba en una punta flexible y afilada. Su estrategia era la disuasión frontal y el camuflaje críptico (contra-sombreado).
Por el contrario, los Ankylosauridae, linaje al que pertenece nuestro sujeto, desarrollaron cráneos anchos y triangulares, suprimieron las espinas largas en favor de quillas bajas y piramidales, y desarrollaron la maza caudal rígida. Dentro de esta familia, el Ankylosaurus es un anquilosaurino derivado. Esto significa que posee las características más extremas del grupo: la mayor anchura corporal, la mayor fusión craneal y la pérdida secundaria de ciertas características primitivas (como los dientes premaxilares que sí conservaban formas basales como Gargoyleosaurus). Es la versión "2.0" ultra-pesada del modelo anquilosaurio.
Orígenes asiáticos y migración a Norteamérica
Uno de los hallazgos biogeográficos más interesantes es que el Ankylosaurus es, en esencia, un inmigrante. El registro fósil muestra una abundancia y diversidad de anquilosáuridos con maza en Asia (Mongolia y China) durante el Cretácico Superior, con géneros como Pinacosaurus, Saichania y Tarchia dominando esos ecosistemas desérticos. En contraste, Norteamérica estaba dominada originalmente por nodosáuridos sin maza.
La hipótesis actual sostiene que los ancestros del Ankylosaurus cruzaron desde Asia a Laramidia (Oeste de Norteamérica) a través del Puente Terrestre de Bering durante el Campaniense o Maastrichtiense temprano, aprovechando periodos de bajo nivel del mar. Una vez en el nuevo continente, este linaje experimentó un gigantismo rápido, posiblemente como respuesta a la depredación por parte de los tiranosáuridos locales (una presión que no existía en la misma magnitud en Asia). Así, el Ankylosaurus magniventris es el resultado de un linaje asiático adaptado al gigantismo en el ambiente rico y peligroso de Hell Creek, reemplazando ecológicamente a los nodosáuridos nativos que declinaron hacia el final del periodo.
Conclusión: El Pináculo Defensivo y su Caída
El Ankylosaurus magniventris representa el límite absoluto de la ingeniería biológica defensiva. Durante 160 millones de años, el linaje Thyreophora experimentó con osteodermos, espinas y mazas, culminando en un organismo que era virtualmente invulnerable al ataque físico de cualquier depredador coetáneo. Sin embargo, la ciencia moderna nos ha enseñado que este animal era mucho más que una roca animada. Era una maravilla fisiológica con un sistema de refrigeración nasal complejo, un reactor de fermentación interno capaz de procesar biomasa tóxica, y una biomecánica de combate que aplicaba principios de física newtoniana para fracturar huesos.
Lejos de ser un error evolutivo lento y estúpido, el Ankylosaurus fue una historia de éxito rotundo. Logró colonizar un continente invadido (Norteamérica), desplazar a los competidores nativos y coexistir en un estancamiento militar (standoff) con el Tyrannosaurus rex. Su diseño corporal, aunque extraño a nuestros ojos mamíferos, estaba perfectamente optimizado para su nicho de "tanque de ramoneo bajo". La revisión taxonómica de la última década ha limpiado su imagen de las contaminaciones del Euoplocephalus, permitiéndonos apreciar por primera vez la singularidad de su anatomía: el "Gran Vientre" no era obesidad, era supervivencia.
La extinción K-Pg y el fin del linaje
La ironía final del Ankylosaurus es que su armadura, diseñada para resistir mordeduras de 30.000 Newtons, fue inútil contra el cambio termodinámico global. Cuando el asteroide impactó en Chicxulub hace 66 millones de años, la ventaja del Ankylosaurus se convirtió en su condena. Al ser un animal de gran masa corporal (6-8 toneladas) y especialista en fermentación masiva, requería cantidades ingentes de vegetación fresca diariamente para mantener su microbiota intestinal viva y su temperatura estable. El "Invierno Nuclear" que siguió al impacto colapsó la fotosíntesis global.
Sin plantas frescas, la cadena alimentaria se rompió por la base. Los grandes herbívoros especialistas fueron los primeros en caer, seguidos por los tiranosaurios que los cazaban. A diferencia de las tortugas o cocodrilos (ectotermos de bajo metabolismo que podían ayunar meses) o las aves y mamíferos pequeños (que podían subsistir con semillas y detritos), el Ankylosaurus no tenía un "modo de bajo consumo". Su extinción no fue por falta de adaptación, sino por un cambio de reglas del juego tan rápido y violento que ninguna armadura biológica podía mitigar. El Ankylosaurus murió siendo el rey invicto de la defensa cuerpo a cuerpo, derrotado solo por el cielo mismo.
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